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Sexoservidoras trans en Colima: Entre el acoso policíaco y la discriminación #Especial
Por:  / 13 mayo, 2015
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Para las sexoservidoras transgénero y transexuales que trabajan en el jardín Torres Quintero de la ciudad de Colima, atrás de la Catedral, la vida no es fácil. Tienen que cuidarse no sólo de transeúntes y clientes que las agreden de diversas formas, sino también de los policías que con frecuencia las persiguen y extorsionan.

A sus 17 años de edad, Zafiro es una chica transgénero que cotidianamente deambula por el jardín en busca de clientes. En su peregrinar se ve obligada a soportar no sólo burlas e insultos, sino también el acoso de policías que aprovechando su uniforme una vez “se intentaron propasar” con ella al detenerla por estar “vestida” en la calle.

No obstante, esta menor de edad dice disfrutar el buen ambiente que junto con sus amigas hacen cuando se reúnen en el jardín Torres Quintero, pero la gente que pasa las ve como bichos raros, las agreden verbalmente, les avientan objetos, incluso hay padres de familia que hasta incitan a sus hijos a que les lancen insultos.

“Una vez me arrestaron no sé por qué, estaba afuera de una disco y pues yo era la única que traía pantalón y entonces pasaron los policías, que ya tenían rato pasando, se pararon y dijeron que me iban a llevar porque había niños, ¿en un antro cuándo va a haber niños? Total, me subieron y se intentaron propasar conmigo”.

Zafiro reprueba que los policías la hayan detenido, pero sobre todo cuestiona el que se hayan aprovechado de sus uniformes para querer obligarla a hacer lo que ellos querían.

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Con tono de desencanto, comenta que si a una mujer le pasa algo las autoridades reaccionan de inmediato, pero advierte que si se trata de una chica trans no es así, ya que no le dan importancia a lo que les pasa.

“Yo quisiera que todos exigiéramos nuestros derechos porque somos humanos todos, somos iguales, no por el hecho de que nos vistamos con ropa de mujer nos pongamos peluca, nos maquillemos nos hace una persona diferente, nos hace un bicho raro”.

Si bien reconoce que ahora durante el día ya pueden andar por la calle como antaño no se podía, se queja de que aún existen lugares donde no te dejan pasar por ser transgénero o transexual.

Y cuenta de una amiga suya a quien no la dejaron entrar a una tienda bajo el argumento de que siendo hombre no podía pasar con una bolsa de mujer, pese a que ella ya está operada y vive como una fémina.

Para esta joven no se ve claro que la sociedad avance en el tema del respeto hacia ese sector de la población, porque recientemente acompañó a otra amiga a una clínica y al sentarse a un lado de un joven éste se levantó de inmediato como si le diera asco.
“Ser gay no es contagioso, ya es de nacimiento, y como te lo digo hay personas que nos discriminan aunque por mi parte que se vayan a la goma, porque yo no les pido nada, mientras yo sea feliz mientras mis papás me quieran, con eso soy feliz”.

EXTORSIÓN O FAVORES SEXUALES

Pese a que han pasado varias décadas, continúa el acoso policíaco hacia las chicas trans. Todavía hace algunos años había denuncias en el sentido de que los agentes les pedían a cambio dinero o un favor sexual, revela Marco Antonio Pérez Gaspar, representante de Colimenses Asertivos en Salud Sexual (CASS), quien reconoce que muchas veces este grupo vulnerable de la sociedad le es incómodo a los gobiernos porque son los primeros que exigen respeto a sus derechos.

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El acoso de policías siempre se ha dado por dos cosas: una porque acusándolas de prostitución en la vía pública quieren extorsionarlas o porque buscan sexo, explica el activista al citar que en una época hubo más denuncias de trans ante los medios de comunicación, en el sentido de que los policías les pedían intercambios sexuales y en muchos de los casos querían que les hicieran sexo oral.

“Quiero hacer hincapié que no son todos los policías, son algunos agentes quienes han cometido esas arbitrariedades. Como habrá agentes policíacos que hacen su trabajo como debe de ser, hay otros que no, que siguen amparados en la prepotencia, en la violación de los derechos humanos”.

El defensor de los derechos de las personas de la diversidad sexual menciona que un caso memorable de agresión extrema fue el de “Vanessa”, quien en 2005 había puesto denuncias en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima (CDHEC) por abusos policíacos, hasta que un día fue asesinada de 43 puñaladas por dos clientes que la habían contratado, mientras que a la fecha el autor material de este caso sigue prófugo.

Hace más de seis años, Marco Pérez Gaspar había expuesto a la directora de la Policía que en el algunos casos los clientes de las sexoservidoras trans son los mismos agentes, “pero a veces los más prepotentes lo que hacen es subajarlas, humillarlas y extorsionarlas. Es una realidad, por más capacitación en derechos humanos que se les dé a los policías continúan presentándose casos”.

El representante de CASS afirma que la prostitución se da actualmente en los jardines Torres Quintero y Núñez porque las zonas de tolerancia han quedado obsoletas y algunas personas las consideran antihigiénicas, pero los gobiernos han hecho oídos sordos a las peticiones de algunos sectores sociales que piden una solución.

Durante la campaña del actual gobernador, dice, las chicas trans hablaron con su esposa demandándole que les ayudara ante esta situación, “pero fue algo que para la esposa del entonces candidato era un tema demasiado ríspido, porque no entra en el modelo de familia que el gobierno ha promovido, entonces ellas fueron invisibilizadas”.

OFICIO PELIGROSO

Regina afirma que ofrecer servicios sexuales como una forma de obtener ingresos es riesgoso, y más aún perteneciendo a la comunidad trans, ya que las agresiones por homofobia se siguen manifestando.

Al igual que varias de sus compañeras, Regina ha sido víctima de la discriminación que sufre la comunidad de la diversidad sexual por el simple hecho de vivir y ejercer su sexualidad como ha decidido; además, pasó por una experiencia de la que expresa: “créeme que no se la deseo a nadie”.

Una noche mientras ella se encontraba en la zona de tolerancia de la ciudad de Colima, un sujeto solicitó sus servicios, sin imaginar que las intenciones del supuesto cliente eran agredirla y robarle sus pertenencias.

“Yo lo tomé como un cliente igual que a los demás, lo agarré en la zona de tolerancia de aquí de la ciudad de Colima, pues me subió a su vehículo pidiéndome un servicio y confiada fui a donde él me llevó, a pesar de contar con un lugar en donde atiendo a mis clientes”.

Continuando su relato, Regina narra que pensaba que todo iba a estar bien, pero el sujeto, en su vehículo, se dirigió a una brecha rumbo al municipio de Coquimatlán y “solamente hizo que me bajara, me robó mi bolsa, me dio un manotazo y me dejó ahí abandonada en la madrugada en medio del campo”, contó la entrevistada, mientras explicaba que en ese momento, el miedo, la incertidumbre y los nervios se apoderaron de ella.

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A pesar de llamar a la policía, pues aún conservaba su teléfono, las acciones de los agentes fueron tardías, por lo que no pudo hacer nada. Por otra parte, Regina no interpuso ninguna denuncia, ya que no logró identificar la matrícula y no tenía elementos para dar un sustento sólido a sus argumentos. “Tú sabes que al poner una denuncia es porque tienes que llevar pruebas o al menos qué camioneta y placas, y pues yo no tenía nada de eso”, expone con cierta impotencia.

“Yo sé a qué horas salgo, mas no sé a qué horas regrese, porque andando en esto, no es algo fácil, pues quien menos te lo esperas, es quien más te lo hace”, confiesa Regina, ya que las personas que al igual que ella, ejercen la prostitución para obtener recursos económicos, abordan a los clientes y confían en ellos, pero “no sabes con quién te subes, qué planes traiga esa persona”.

Aunado al riesgo de su trabajo, el acoso policiaco o abuso de autoridad es una constante. “Así como hay muchos que te halagan, hay muchos que te quieren hacer la vida de cuadritos”, lanzando desde insultos hasta intimidaciones. “Al tiempo de que pasa algo y nos quieren detener, nos agarran como se les antoja, hasta a golpes han llegado a agarrar a varias de mis amigas”, denuncia Regina.

Atribuye la discriminación de la que son víctimas a que “son personas homofóbicas” quienes la ejercen, además de una falta de conocimiento y sensibilidad de la sociedad, así como una mínima tolerancia hacia la diversidad sexual.

“Muchas personas pasan y se agarran gritando cosas, insultos que van desde los gritos y burlas, hasta agresiones más hostiles: pasan muchachos aventándote naranjas, queriéndote aventar cervezas, queriéndote aventar huevos, lo agarran ellos como un juego”.

Regina lamenta que por la homofobia existente, muchas personas han perdido la vida, por lo que hace un llamado a las autoridades para que se emprendan más acciones que erradiquen esta forma de violencia, la cual debe superarse si se pretende construir una sociedad más plural e incluyente.

RELEGADAS A LA MARGINALIDAD

Para el doctor en Psicología Social y académico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima, Francisco Antar Martínez Guzmán, la discriminación hacia integrantes de la comunidad trans responde a un “sistema cultural, social, político, simbólico, institucional etcétera que regula de manera desigual la expresión del género y de la sexualidad”, lo que se traduce en “una especie de economía de poder relacionado con la expresión del género y la sexualidad”.

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Explica que los estereotipos de masculino y femenino, así como la heterocentralidad son identidades dominantes en este sistema regulatorio, lo que relega a la marginalidad a “algunas sexualidades que no se adaptan totalmente a los cánones culturales dominantes”.

Existen múltiples formas de discriminación, refiere el entrevistado, “son múltiples, obviamente está la violencia física, que es más probable que ocurra a una persona trans que a una persona no trans; la agresión por parte de cualquier persona en la calle o inclusive de las propias instituciones”.

Aunque también “hay otras formas más sutiles de violencia, por ejemplo la carencia de derechos que protejan su propia identidad, que les otorguen un estatus de ciudadanos conforme con su identidad elegida, la exclusión de servicios públicos, la invisibilización en estudios sobre salud, los prejuicios que se presentan continuamente en medios de comunicación, es decir, hay un sistema bastante complejo de formas de violencia y discriminación que operan de manera más o menos articulada para mantener a estas identidades en el lugar de la marginalidad”, expone.

Respecto del actuar de las autoridades, “es común que también compartan una cantidad de prejuicios, estereotipos, y que también reproduzcan los estigmas con respecto a estas sexualidades e identidades de género que no son las dominantes, que son diferentes”, en el entendido de que las propias instituciones forman parte de una sociedad.

“En ese sentido, -continúa el experto- muchas veces las instituciones pueden operar de manera también prejuiciosa y discriminatoria”.

Para contrarrestar ésta problemática en las instituciones, es necesario, de acuerdo al académico, realizar “una evaluación crítica de sus propios protocolos, normativas, concepciones, leyes, reglamentos, para buscar en qué manera éstos han sido elaborados desde una perspectiva discriminatoria que usualmente pasa desapercibida, porque todas las personas hemos sido educadas en una sociedad patriarcal, machista, heterocentrada y esa revisión es necesaria de manera que las prácticas de las instituciones se adecuen, sean más incluyentes, sean más justas y más respetuosas de la diversidad”.

Manifiesta además que es común que las personas trans sean sometidas a maltratos con más frecuencia o que sus derechos sean vulnerados, “precisamente porque ocupan un lugar en la sociedad al que se le otorga menor prestigio, se le considera de menor valor, inclusive se le etiqueta de anormal, de inmoral, de enfermo, de trastornado y eso hace que supongo que las instituciones y también la sociedad en general, generen prácticas más violentas con respecto a estos grupos”.

EL PRECIO DE SER SEXOSERVIDORA TRANS

A Fernanda, de 19 años de edad, ser vestida y dedicarse a la prostitución le ha traído serias consecuencias, como padecer un intento de robo, la embestida de un sujeto que la quería golpear y hasta una detención que asegura no merecía.

El incidente del intento de robo sucedió una noche en que se subió al carro de un hombre, quien en determinado momento quiso robarla, acto que evitó armando un escándalo.

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Relata que otra noche estando trabajando parada a un costado del jardín Torres Quintero, llegó un individuo en un vehículo que al descender de éste le lanzó insultos y luego se le fue encima con la intención de golpearla.

“Me quité las zapatillas y ya les hablé a mis amigas y lo correteamos, aquí a la vuelta había un policía y le dijimos pero no hizo absolutamente nada, es que nada hacen pues como que no somos nada para ellos”, se queja.

Incluso recuerda que una vez a una amiga de ella que ya está operada la golpearon entre cinco sujetos que llegaron de un momento a otro al jardín; fue entonces cuando junto con varias de sus amigas corrieron para auxiliarla.

Fernanda cuenta que también un día en Villa de Álvarez ella y dos de sus amigas pidieron raid a unos jóvenes; al ser revisado el vehículo por la policía encontraron una pipa y como ninguno se hizo responsable de ella, también se las llevaron detenidas cuando asegura que ellas no tenían culpa de nada.

A decir de esta chica trans, en Colima hay policías que son buena gente que hasta les saludan cordialmente, pero hay otros que son todo lo contrario y cada que las ven en la zona del centro las corren.

También narra que otra noche estando en ese mismo jardín llegaron unos policías estatales para decirles que se retiraran, pero apenas habían avanzado como tres cuadras cuando les dieron alcance para volver a repetirles que no las querían ver en todo el centro histórico.

La discriminación que sufre Fernanda ha llegado al grado de que hay padres de familia que pasan en compañía de sus hijos y los alientan para que le digan ofensas, o incluso algunos les tapan los ojos a los menores para que no la vean.

“Yo digo: eso qué, eso no se pega, ya naces”, concluye.

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CRÉDITOS

Coordinación general: Pedro Zamora Briseño
Investigación: Gabriela Flores, Víctor Manuel Gómez Corona, Monserrat Ramírez y Jonathan Núñez.
Diseño: Gerardo Alfonso Torres Aldrete
Video: Salvador Ochoa.

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