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A 20 años del TLC: El campo colimense, hundido #Especial
Por:  / 13 mayo, 2015
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El Tratado de Libre Comercio de México con Estados Unidos y Canadá hundió al campo colimense: La producción se redujo, la población de la zona rural disminuyó y se hizo más pobre, y con ello se vino una serie de problemas sociales, situación de la que no escapa el recrudecimiento de la violencia.

Saúl Martínez González, profesor investigador del Centro Universitario de Estudios e Investigaciones sobre la Cuenca del Pacífico, de la Universidad de Colima, señala que este tratado comercial vigente desde 1994 ha traído la desgracia para el campo local, ya que los gobiernos han dejado solos a los productores, provocando que pierdan sus cosechas y algunos hasta han desaparecido.

A dos décadas del TLC, indica el académico en entrevista con Colima3.0, se siembra en Colima sólo una sexta parte del territorio, de la que 61 por ciento se destina a la producción de frutales, el 5.2 por ciento a la de hortalizas, 13.9 a la de caña de azúcar o cultivos industriales y sólo el 19.3 a la producción de granos.

“Esto es interesante porque la agricultura se achicó en estos 20 años, al pasar de una frontera agrícola de 127 mil 539 hectáreas que se sembraron en 1995, a 81 mil 780 hectáreas, es decir, más 45 mil hectáreas se dejaron de producir”.

Ese 36 por ciento de superficie que se dejó de sembrar ya no genera ingresos, los productores tuvieron que dedicarse a otras alternativas, emigrar a la ciudad, y todo ello generó también pobreza, añade Martínez González al detallar que los principales perdedores a consecuencia del TLC son los granos básicos, la superficie cosechada en granos y frutales se redujo, aunque en caña de azúcar y hortalizas se amplió.

Autor de la investigación “La agricultura del estado de Colima a 20 años del TLCAN. Del paraíso prometido a la crisis económica y social”, Martínez González dice que uno de los efectos fue la gran pérdida en la superficie sembrada de maíz, que se redujo de 40 mil hectáreas a casi 8 mil.

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“Toda esa gente que se dedicaba a cultivar maíz dejó de hacerlo. En contraste, por ejemplo, el limón también se redujo. Se esperaría que el limón, coco, plátano generarían empleo, podrían contrarrestar la pérdida de empleos de los granos básicos, pero no sucedió así, el caso del limón, ahorita se redujo la superficie y se agravó aún más con la plaga del HLB. El coco está también en crisis, el plátano prácticamente se estancó durante estos 20 años”, refiere.

No obstante la producción de azúcar de caña sí se duplicó, sin embargo en los últimos años ha ocurrido que los precios han caído mucho: un 30, 40 por ciento; “entonces, de ser una actividad rentable, ya no lo está siendo, por lo menos en este momento. Pero ahí la mayor importancia es que México está importando fructuosa, azúcar proveniente del maíz, como no hay cuota, el 70 por ciento de las refresqueras y todo eso consumen esa azúcar porque es más barato. Hay una sobrepuerta no porque haya una producción muy alta de azúcar, sino porque las importaciones de fructuosa están haciendo que el precio caiga”.

El investigador universitario abunda que el cultivo de hortalizas, aunque no representa ni el 6 por ciento de la superficie que se siembra en la entidad, aumentó de mil 800 a 4 mil 480 hectáreas, “pero a pesar de que se exporta, genera mucha mano de obra muy barata, son de alto riesgo financiero; es una élite pequeña la que cultiva hortalizas. Y la mano de obra local no se beneficia, al igual que la caña, porque provienen de otros estados como Oaxaca y Guerrero, son jornaleros agrícolas que se quedan sin trabajo y van hacia las zonas donde hay producción”.

PROMESAS INCUMPLIDAS

Con 65 años a cuestas, al productor Efrén Torres Pinto, testigo de la implementación del TLC, le duele y le “encabrona” que los gobernantes no hagan nada por rescatar al campo, lo que tiene en la miseria a muchos mexicanos.

Originario de La Estancia, Colima, donde creció junto a sus ocho hermanos y seis hermanas, desde muy joven fue instruido por su padre en las labores del campo, a las que se dedica desde hace 45 años. Actualmente siembra maíz, arroz y sorgo.

“Si mal no recuerdo el TLC se firmó en el periodo de Carlos Salinas de Gortari y hasta ahorita yo no conozco a algún productor que se sienta satisfecho o beneficiado con este instrumento. Yo creo que más bien beneficia a los que importan a México que los que estamos aquí.

“Abrieron las puertas al mercado para ir y venir con las mercancías pero más bien nos atiborran de mercancías, de productos y siente uno como que descaradamente lo hacen”, dice el hombre mientras la voz le tiembla y los ojos se le llenan de agua y se le ponen rojos.

A decir del entrevistado, en el caso específico del arroz, se importan grandes cantidades de éste, justo en el momento en que los productores locales están cosechando su grano, de manera que el valor de sus cosechas baja.

“Y sentimos que lo hacen hasta adrede y eso encabrona, eso no estimula. Entonces a lo mejor se benefician los que hacen esas importaciones masivas; sospechamos que eso sucede, porque no hay ningún beneficio para la gente del campo”, insiste Efrén Torres con frases entrecortadas por el sentimiento a flor de piel.

Otra problemática que han tenido que sortear los productores de granos, son los altos costos de los insumos, así como las condiciones de comercialización de los productos, aunque asegura que en su caso ha sabido administrar bien sus recursos para los momentos difíciles que ha pasado, combinando la agricultura con la engorda de algunas reses y por ende nunca ha tenido que recurrir a vender sus tierras.

Para este campesino, las promesas de los supuestos beneficios del TLC que planteó en su momento el expresidente priista Carlos Salinas nunca se vieron cumplidas, porque al menos los productores de granos nunca han podido producir suficientes como para exportar, y las autoridades tampoco les ayudan mucho para que lo logren.

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Se queja además, de que en contraste con aquellas promesas de prosperidad de Carlos Salinas, la hambruna en el país ha ido creciendo, pues cada vez hay más personas en pobreza extrema a lo largo y ancho del país. Algo que para el productor, le conviene a los gobernantes en turno y le sacan provecho.

“Como que el gobierno se retroalimenta para tratar de seguir dando beneficios y conseguir adeptos para que continúen las cosas como están y ese camino no es el adecuado…¿De qué sirve que se tenga tanta gente castigada con escasos recursos para ir a darles un regalo, si seguimos en las mismas condiciones?”.

Está convencido de que en lugar de dar esas dádivas, los gobernantes deberían privilegiar la creación de verdaderas fuentes empleo y fomentar la inversión en el campo, para que se logre la soberanía alimentaria.

La propuesta de Efrén Torres es que aún con la insensibilidad de los gobiernos, los campesinos tienen que agruparse para hacer un frente común porque haciéndolo, “tendremos fuerza ya no para pedirle, sino para exigirle al gobierno que voltee al campo”.

MÁS PERJUICIOS QUE BENEFICIOS

A dos décadas de su entrada en vigor, el TLC ha dejado a los productores maiceros más perjuicios que beneficios, afirma el presidente del Consejo Estatal del Maíz (CEM), Fabían Villalobos Benavides, quien incluso señala que con ese acuerdo algunos productores colimenses han perdido algo más grave que sus tierras y pertenencias.

El también representantante del Sistema Producto del Maíz en el Estado de Colima y el resto de productores locales, soñaron alguna vez con los beneficios que les traería la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), pues la promesa era que el gobierno federal acapararía el grano con un precio de garantía para el productor, pero tras la firma del TLC todo se vino abajo: desapareció Conasupo y el gobierno los lanzó al libre comercio.

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Actualmente, dijo, los granos como los metales se cotizan en la Bolsa de Valores de Chicago y “no pintamos a nivel mundial como grandes productores de maíz, nos tapan China y Estados Unidos, y eso nos lleva en gran desventaja ante los grandes países productores de grano”.

Aunado a la desaparición de Conasupo, los productores se vieron afectados con el gran incremento en los costos de los insumos para producir, como la semilla, los combustibles y fertilizantes.

Villalobos Benavides recuerda que en tiempos de la Conasupo, el diesel y la gasolina costaban sólo 20 por ciento del precio real de ahora; en tanto que los insumos para controlar plagas son ahora 70 por ciento más caros que antes.

En contraste con esos incrementos, el pago que obtienen los productores por la producción del grano va a la baja cada año, apenas hace un par de ellos en Colima vendieron a 5 mil 800 pesos la tonelada, cuando hoy día les están pagando 2 mil 700 por cada una.

El 60 por ciento del defícit en producción que enfrenta Colima en el presente, con respecto al maíz que requiere anualmente, también se contrapone con los números del CEM, que señalan que en los años 80 la entidad incluso exportaba ese grano a los estados vecinos.

En aquellos años los productores colimenses en conjunto sembraban entre 45 mil y 50 mil hectáreas, ahora con dificultades logran las 10 ó 12 mil; al no ser autosuficientes en esa producción, Colima debe traer el 60 por ciento faltante de estados como Sinaloa, Guanajuato y Jalisco.

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Todos esos elementos le dejan claro a Fabián Villalobos que en Colima se ha dejado de producir ese grano por no representar negocio; además de que antes eran cerca de 4 mil los campesinos los que se dedicaban a ese cultivo de los cuales ahora sólo quedan aproximadamente la mitad.

“Es muy dramático hablar de los productores de maíz en este momento…Si el gobierno no toma medidas adecuadas esto no se va a detener; cada día los campos se van quedando solos, los maiceros ya no quieren producir maíz”.

El productor está convencido de que si se cerraran las fronteras a los granos, en el caso del maíz sería maravilloso para los productores; pero también celebró que los integrantes de El Barzón se manifestaran recientemente para exigir un precio adecuado a los granos mexicanos, porque de otra manera, dijo, “vamos a tener que dejar de sembrar”.

“JUNTAR GALLINAS CON COYOTES”

Arnoldo Vizcaíno Rodríguez, presidente de la organización “Productores Unidos por Colima” (PUC), manifiesta que el TLC trajo para México -y por ende para todos los estados de la República- efectos negativos en el campo, puesto que los gobernantes de ese entonces sabían de sus consecuencias y aun así accedieron a firmarlo.

“Es como en un mismo corral juntar gallinas con coyotes, entonces evidentemente a la gallina le va a ir mal”, señala el exdiputado local, quien en su momento junto con otros productores, participó en un sinnúmero de manifestaciones en oposición al tratado.

Asegura que los daños han sido devastadores, aunque precisa que el problema de fondo no es únicamente el tratado, sino que la problemática fundamental radica en la nula política agropecuaria por parte del gobierno en México.

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“El problema de fondo es la falta de proyecto agropecuario por parte del gobierno nacional, no hay”, expone Vizcaíno Rodríguez, quien lamenta el hecho de que actualmente, nuestro país importe más del 50 por ciento del maíz que consumimos.

Lo anterior es consecuencia de un “desinterés por parte de los gobernantes particularmente de los neoliberales, que nos ha tocado sufrir desde 1982 a la fecha, no les importa que se produzca o no se produzca en el campo mexicano”.

Por mencionar un ejemplo, explica que apenas hace 3 años se les pagaba 700 pesos a los productores de caña de azúcar por cada tonelada producida, y hace un año comenzaron a percibir 390 pesos, ante un aumento constante de los insumos necesarios para producirla.

Uno de los “crímenes” llevados a cabo por el gobierno mexicano, es el dar pie a la importación de productos que ya se están cosechando aquí, ya que entran enormes cantidades de granos, frutas, verduras, muchas de ellas de pésima calidad, lo que “truena” el mercado interno y al productor mexicano.

“Es terrible la crisis que se está viviendo”, menciona con preocupación y recuerda que el municipio de Tecomán era el emporio agrícola ejemplo nacional e internacional, era la capital mundial del limón, era la chequera del estado, el oro verde, pero ahora, la gente vive en una “tristeza, amargura, coraje, desesperación, angustia” y es uno de los 300 municipios más pobres del país.

“Tenemos a un gobernador surgido del campo y pareciera como que lo desprecia, como que le dejó huellas la miseria que se sufre en el campo, las dificultades y como que esas huellas se convirtieron en desprecio en lugar de solidaridad y buscar sacar la actividad, tenemos a un gobierno estatal perdido”, concluye Vizcaíno.

MÁS POBREZA, MARGINACIÓN Y FALTA DE OPORTUNIDADES

“No hay un impacto del TLC en la agricultura, en términos sociales no ha sido benéfico. Por ejemplo, en 1992 había 8 mil 425 productores de granos, para el 2013 la Seder registra mil 200, entonces obviamente que esto tiene un impacto en el campo, no sólo de desarrollo económico, sino en términos sociales”, afirma Saúl Martínez, convencido de que gran parte de la violencia que se está viviendo en el país se ha generado porque en el medio rural no hay alternativas.

“El tratado incrementó la pobreza, la marginación, la falta de oportunidades… creó un campo muy fértil para que jóvenes que no encuentran empleo se incorporen a las filas de la delincuencia. El país se ha vuelto más violento porque es más desigual. La población ocupada en el sector agropecuario ha disminuido. En estos últimos 20 años sólo creció 0.9 por ciento, cuando la población en general creció 3.2 por ciento”.

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Martínez anota que esa comparación significa que hay un flujo de personas del medio rural hacia el medio urbano. En Colima se ha reflejado en los municipios que más han crecido poblacionalmente, como Villa de Álvarez, Colima, Manzanillo y Tecomán. En los otros seis las tasas son negativas, indica, “el éxodo del campo a la ciudad ha sido resultado del TLC, sobre todo en el campo”.

El especialista dice compartir con sus colegas la teoría de que en el TLC el sector agrícola no se debió de haber negociado así, se debió de proteger a los productores mexicanos, porque con él el campo se vino abajo. No obstante algunos estados sí han sido beneficiados, entre ellos Jalisco por la calidad de sus tierras y porque el gobierno del estado también ha impulsado a los productores.

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“Aquí en Colima no ha habido políticas agrícolas locales, aunque no les va a gustar al gobierno, pero no la hay desde hace muchos años. Antes había un plan agrícola y se establecían metas, y lo que se está haciendo ahora es bajar recursos de los programas federales que existen”.

¿Pero entonces de qué están viviendo los campesinos o la poca población que vive en el medio rural? El académico de la UdeC dedujo luego de varios estudios que la respuesta está en las remesas: Fueron 190 millones de dólares para 12 mil familias colimenses en el 2003. La emigración hacia los EU, así como en otros estados, aquí en Colima está haciendo lo propio, es decir, está manteniendo a la gente que no tiene trabajo, les mandan 200 ó 300 dólares por mes, aproximadamente y se mantienen de esa forma.

El campo ya no es negocio, en gran parte por el TLC, agrega e insiste que con éste muchos campesinos quebraron. “El limón también se ha visto afectado y los recursos en inversión no fluyen hacia esos sectores tan importantes y estratégicos. En un tiempo el valle de Tecomán fue la chequera de Colima, ahora vemos que toda la inversión está destinada a infraestructura”.

—¿Hubo algo positivo para el campo colimense con el tratado?

—Difícil pregunta –responde Saúl Martínez-. Hay quienes se han beneficiado, pero la mayoría del campo ha sido golpeado, porque antes se exportaba mango, por ejemplo, Colima era un gran exportador, pero con el TLC empieza a producirse en Jalisco, Michoacán, la competencia interna hace que muchos truenen.

“El mayor beneficiado del TLC, si es que podemos considerarlo así, es la población urbana, ya que consigue alimentos importados, ves frutas que antes sólo era de temporada todo el año. Sin embargo los salarios han caído, ha sido muy desigual, no se protegió lo que se debió de proteger, y eso da como resultado un aumento de la población pobre, el país está más violento e incluso en las escuelas el llamado bullying es un problema que antes no existía con gran intensidad, las cosas están calentándose cada vez más”.

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El profesor universitario afirma que en general el Tratado de Libre Comercio ha dejado un saldo negativo y se requiere de mucha inversión para rescatar al campo, pero parece que el gobierno no tiene intenciones de impulsarlo, “aunque tenga intenciones no ha hecho lo que debe de hacer, se está orientando el desarrollo económico hacia Manzanillo, el puerto, descuidando al sector agrícola”.

Concluye que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no tiene caducidad y pudiera seguir muchos años más, aunque es urgente que se renegocie para no seguir empobreciendo más al campo colimense y mexicano, pero “yo veo un campo que va a ir en deterioro”.

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CRÉDITOS

Coordinación general: Pedro Zamora Briseño
Investigación: Gabriela Flores, Víctor Manuel Gómez Corona y Jonathan Núñez.
Diseño: Gerardo Alfonso Torres Aldrete
Video: Salvador Ochoa.

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